Reseña del Coloquio Mesa 3

Mesa 3 Imagen del cuerpo, cuerpo de la imagen Reseña por: Esteli Beccar y Samaria Torres Velez

Mesa 3

Imagen del cuerpo, cuerpo de la imagen

Reseña por: Estelí Puente Beccar y Samaria Torres Velez

As paisagens corporais de João Cabral de Melo Neto, lectura de Sara Brandellero

Kiki2: la prostituta sentimental. Diario del ser por el hacer(se), lectura de Luciana Sastre

Los locos de amor. Fotografía y escritura en El infarto del alma de Diamela Eltit y Paz Errázuriz, lectura de María José Sabo

Que tengo una niña dormida; cuerpo, maternidad y lenguaje en Cuerpo de María Auxiliadora Álvarez, lectura de Daniela Martín Hidalgo

Estas cuatro ponencias reflexionaron sobre temas como la pobreza, la miseria, la vida, la naturaleza, la muerte, el rechazo, la aceptación, la subyugación y la supremacía en relación al arte. Temas que cobran vida gracias al lenguaje literario que les viste con significados distintos.

La ponencia de Sara Brandellero se centró en la relación entre el cuerpo y el paisaje, basado en tres poemas de Melo Neto; O cão sem plumas (1950), O rio (1954), y Morte e vida da Severina (1956). Los poemas están inspirados en el paisaje de Pernambuco, y utilizan como fuerza motora el río Capibaribe. Las plantaciones de caña, el paisaje agreste del Sertão y la costa atlántica de Pernambuco son los escenarios de este ‘Trópico del Capibaribe’.

Al nacer de un paisaje agreste y un mundo sumergido en la miseria, nos encontramos con una imagen deshumanizante de la pobreza, especialmente en O cão sem plumas, poema en el que se construye una analogía entre el perro y el mundo animal, el hombre y el paisaje a través del río. En O rio, el Capibaribe relata su propio viaje, desde el interior árido del país hacia la costa, acompañando el viaje del migrante protagonista. Este viaje es una historia del desplazamiento, el hambre, la violencia y la explotación.

Esta poesía inspirada en el paisaje nos enfrenta a la idea de que, al relacionarse el cuerpo y la subjetividad, esta última se hace física. En esta literatura el paisaje se antropomorfiza y el hombre se convierte en una parte indispensable del paisaje, ambos comprometiéndose social y políticamente. La poesía de João Cabral de Melo Neto nos muestra la literatura puede re-pensar problemáticas tan actuales.

Luciana Sastre nos trajo una novela en la que se relata el proceso y el resultado de un ‘performance’ en el cual la protagonista decide ‘convertirse’ en prostituta. Una de las tesis que Luciana propuso en su ponencia es “¿Qué sucede cuando los sujetos dejan de ser aquello que estaba previsto, incluso en su propia definición de sí?”. Como parte de un intento para responder esta pregunta, conocimos a Kiki, la protagonista, quien nos muestra que el cuerpo es definido y determinado por la palabra que lo nombra, porque Kiki se viste de prostituta con la palabra, y “el hacerse comienza efectivamente con el nombre”.

En el relato, a través del hecho mismo de la performatividad, Kiki intenta “convertir el insulto en hipótesis como recurso de curación”, haciendo de sí misma lo que no estaba previsto. Simultáneamente, y paradójicamente gracias a una contradicción prejuiciosa, se inicia nuestra propia transformación como espectadores. La respuesta a la tesis inicial de Luciana es una reflexión sobre la víctima de la violencia en forma de palabra hacia los cuerpos maltratados, violentados, que no han desaparecido, porque son lo que no estaba previsto: “El cuerpo ilegal de la víctima (del racismo, del clasismo) no tiene la palabra autorizada para desinscribirse de lo dicho por otro. Pero sí es posible que ese cuerpo que retorna, que está tirado en la calle o en un campo de refugiados o que fue devuelto por el río al que fue arrojado desde un avión, vivo o muerto, o en un entre lugar: el del ‘aparecido’, nos sea enviado para poder encarnarlo, incorporarlo”.

La libertad de tener el derecho de definirse como sujeto performativo, de adoptar un nombre dado por ‘el otro’, de poder reencarnarse a una subjetividad de lo que uno no es, de volver a nacer en la formación de lo que se crea ‘con el otro’, conocer un cuerpo efímero; son unos de los temas de los que encontramos en Kiki 2. Asimismo, nos muestra como la escritura es “ser, por el hacer, y en consecuencia – hacerse”. Esta obra, como lo son también los poemas sobre el Capibaribe, es una perpetua metamorfosis de el ‘yo’ quien va apareciendo y desapareciendo, siempre encontrándose algo o alguien.

María José Sabo nos acercó a una combinación literaria que contrasta y une el poder del relato y el de la imagen fotográfica. El infarto del alma es un registro fotográfico de las parejas de enamorados del Hospital Siquiátrico de Putaendo (Chile), realizado por Paz Errazúriz, unido a una suerte de relato en el que se combinan distintos fragmentos literarios, escrito por Diamela Eltit. Al observar estas fotografías y el texto al que acompañan y que las acompaña, María José nos invita a reflexionar sobre la relación entre arte y cuerpo y sobre el amor y el ‘cuerpo del otro’, un cuerpo desacreditado e ilegalizado. La fotografía y la escritura son, en este ejemplo, la expresión política de la representación en la que el arte transforma al cuerpo humano.

El cuerpo del loco, que lleva en sí todas las privaciones e imposibilidades, en su encierro es capaz de materializar la cualidad y la calidad del ‘otro’. Al encontrar amor en estos cuerpos, como es posible hacerlo en todos los cuerpos, descubrimos que este amor saca al sujeto de sí mismo y lo lleva hacia el otro. Al acercar nuestra mirada hacia el cuerpo, compartido como realidad biológica y sensorial por todos, podemos ver que el quiebre y la distancia entre los sujetos se hace borrosa y ambigua.

Daniela Martín presentó una revisión del poemario “Cuerpo” de María Auxiliadora Álvarez, publicado por primera vez en 1985 en Caracas, enfrentándonos a la experiencia corporal de la maternidad. En contraste con la propuesta de María José, en este caso el “otro” construye un muro de indiferencia que, a través de la lectura de Daniela, es cuestionado al dejar al descubierto el arquetipo de la madre piadosa en el contexto patriarcal y capitalista y el rol preconcebido de la mujer con respecto a su capacidad corporal de ser la reproductora de la especie y de sus formas de vivir su maternidad abnegada.

Daniela pregunta: “¿Cómo estas experiencias que se generan en lo físico del cuerpo afectan a la integridad y la identidad del sujeto?”. Este poemario nos cuestiona sobre los sistemas discursivos respecto a los géneros y las formas en las que la violencia del hecho de la maternidad afectan al cuerpo del sujeto-madre. El control burocrático del cuerpo resulta en un cuerpo sometido a la violencia estatal, por lo que el acto de dar a luz es percibido como un modo de intervención en los cuerpos femeninos que habrán de buscar la posibilidad de la “renuncia a la biología como destino”.

Este conjunto de poemas semi-autobiográficos describe las particularidades de “un dolor físico cuyo origen se encuentra en las circunstancias que rodean al parto y la maternidad… tal como el abandono y la muerte” y muestra una experiencia corporal común para la mujer, el de la maternidad, pero con un testimonio cuya forma muestra lo perturbador de esta experiencia. Álvarez distingue es sus poemas esta identidad del sujeto: “lo que está fuera del cuerpo y es limpio y ordenado y lo que está dentro, lo informal”, identidad caracterizada por la paradoja que vive el hijo, quien es expulsado, pero no deja de mantener un vínculo con su madre. Cuerpo no solamente es un símbolo del cuerpo de la madre, del hijo, o de un cuerpo real, sino que también funciona como símbolo de cualquier cuerpo político, haciendo este poemario uno que da voz a multitudes y que lucha por una ruptura del mundo patriarcal y de su lenguaje.

En todos los objetos observados vemos cómo el “cuerpo” pierde su identidad propia de “ser” y se convierte en un símbolo alusivo para otros cuerpos, políticos o léxicos, embarcándonos en una crítica a temas sociales y políticos de gran importancia, desde su creación hasta nuestra actualidad. Cada una de las ponencias nos llevó por mundos diferentes, enfocándose todos en un “cuerpo” de paisajes de miseria, de prostitutas, de locura o de una maternidad, cuerpos que tienen en común el ser “sujetos” de algo o alguien. En todas las obras pudimos ver cómo estos cuerpos pierden su identidad entre temas tan controversiales y se vuelven símbolos de algo más excepcional, logrando que aquella identidad del “yo humano” nunca se desvanezca realmente.

 

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