Reseña del Coloquio Mesa 4

Formas de vivir: Entre la persona interior y el cuerpo comunitario

Reseña Coloquio Cuerpos (I) Legales

Sean Rowlands, Joe Tian y Mariana Spijkers Lasprilla

Formas de vivir:

Entre la persona interior y el cuerpo comunitario

El coloquio sobre cuerpos (I)Legales, desarrolló, durante la última mesa, la temática de formas de vida: voz y persona. Si bien cada presentación fue en sí misma un universo propio, los ponentes y cada escrito sobre el cual se reflexionó, contenían aspectos en común; un hilo conductor que engloba la coherencia de la mesa. Se trata de temáticas que comprenden al cuerpo legal e ilegal en relación a la ética contextual del individuo, del sentido de comunidad y la ambivalencia entre ambos: de la soledad de la persona y las ficciones legales e ilegales, sujetas a construcciones discursivas.

La Habana para un infante difunto describe el cuerpo como el último refugio, donde el individuo puede salvaguardar el yo frente a un poder comunitario. Originada no tanto en la idea de escapismo, la novela se basa en la historia de Cuba durante los años sesenta y setenta y prueba la libertad de no hacer algo. Según Waldo Pérez Cino, la comunicación corporal consiste en una seducción por parte de esta libertad cuando el lenguaje verbal colectivo supone una legitimidad ineludible que suprime. ¿Sentirá protegido el individuo que se refugia? No, porque la persona se reduce y convierte ausente con la forma de describir el cuerpo como paisaje. Envuelto en tiempo pasado, el cuerpo también se conforma al discurso político que resalta la Historia. La brecha entre el pasado y el no llegado constituye una tragedia y el protagonista seguirá dentro del cuerpo de los otros, una metáfora para los individuos en Cuba que ya no identificaban con la Historia oficial estatal y querían algún tipo de escape o refugio mientras esperaban un período de transición.

En comparación con la novela de Guillermo Cabrera Infante, la de Margarita Mateo Palmer propone una posible solución a la pérdida de lo individuo. El cuento empieza con una imagen apocalíptica, Gelsomina buscando la entrada del manicomio. Manicomio y cementerio, estos son zonas de indistinción en la teoría de Giorgio Agamben. Los que viven allí son muertos vivos, excluído de la vida social y del sistema jurídico de un estado. Su vida está reducida al mero cuerpo, al zoe. Pero según Nanne Timmer, es posible construir una nueva comunidad a través de la imaginación común. Las islas se ponen en contacto con otras en un archipiélago. La voz narrativa se cambia entre la primera y la tercera persona y la protagonista habla mediante otros cuerpos. El tono es más optimista que el de Cabrera Infante, aunque la solución tampoco va más allá de un retorno a la colectividad.

Apátrida, de Rafael Spregelburd, tal como lo mencionó Luz Rodríguez-Carranza en su ponencia sobre “cuerpos y resonancias” menciona que:

“Un Estado es la historia de sus ficciones.

La suma de sus imágenes.

Un plan invisible pero necesario ha querido que hoy

ustedes y yo

asistimos aquí”.

De entrada el lector o locutor es inmerso en un universo de artistas e intelectuales que discuten la función del arte en la escena nacional. La obra transcurre en la medida que la discusión entre el artista Eduardo Schiaffino y el crítico del arte Eugenio Auzon, sobre la nacionalización de la pintura argentina, se torna en un melodrama y finalmente una pelea física: el crítico hiere la mano del artista y huye, pero al darse cuenta del acto que ha cometido, vuelve por un sentimiento de culpa que lo invade. El cuerpo es el espacio material en el que la persona es desnuda: pero no es el único espacio. En este texto se elabora un análisis en tanto al poder de la palabra sobre el cuerpo de los individuos, el cuerpo colectivo y sobre cómo la voz política del arte en Apátrida tiene consecuencias semejantes a los fractales: el de una estructura que se repite para conformar un cuerpo discursivo en el lector o locutor y en el creador de significados.

En el transcurso de la obra Apátridalos personajes se transforman en lo que en un principio crean, hablan y escriben. El cuerpo del poeta comienza encarnando al artista nacional, pero, de ser sujeto que dibuja la realidad nacional argentina, pasa a ser el objeto de una obra de arte: un guerrero popular herido. Auzon, quien criticó al artista de haber realizado sus estudios en Europa, terminó el mismo yéndose del país; pero con la particularidad de ser quien no pertenece a ningún Estado y por ello hacer parte de una marginalidad que se encuentra el el limbo. Luz Rodríguez-Carranza mencionó que, la voz del soberano no es solo un actor político que vigila hegemónicamente sabiendo quien es el ofendido, sino que el soberano es el discurso creado por los personajes (del director de la obra), que controla el actuar y pensar del individuo. Son los actores quien se ponen las máscaras de las palabras que estan pronunciando, siendo una la de Eduardo el pintor o de Eugenio el crítico y cuyas palabras recaen hegemónicamente sobre el lector o locutor; sean las palabras que construyen o destruyen patria (entendiendo los discursos hegemónicos que han prevalecido en Latinoamérica:  la extranjerizacion es un ejemplo que pone en evidencia esta problemática). La libertad individual es propensa a ser manipulada por las palabras. Si las palabras son las soberanas de los personajes en la pieza, entonces la relación de poder entre los discurso internalizados está sujeta a crítica por la mirada y subjetividad del reconocimiento de los otros. Pero, ¿En qué consiste el anhelo de ser reconocido por otro si dentro de este reconocimiento y subjetivismo existe la posibilidad de ser perseguido y ser el perseguidor?

El artista, que es el poeta creador de realidad, también cumple una labor social de comunicar, puesto que “También ellos son capaces de leerme, ya me tienen leído” (referenciado por Jean Franco en “La globalización y la crisis de lo popular” al hacer referencia a El Entierro de Cortijo ). En esta medida el discurso manejado por el creador tiene un sublime componente político; siendo que allá afuera – de aquello que no hace parte de la identidad comunitaria o de la intimidad del individuo, existe. Pero es importante preguntarse si es o no, labor del arte la de expandirse en nacionalismos o si se trata de la condición humana, sobre todo en una época tan globalizada (vislumbrado en la película que mostraba la obra de teatro de Spregelburd que se componía de música sumamente antigua y posmoderna). La obra de teatro nos muestra el reconocimiento del artista como poeta creador, pero al mismo tiempo atado a diversas críticas: sea el de la extrangerizacion del arte o la censura de la misma. Apátrida pone en evidencia la dicotomía entre adentro y afuera. El crítico es excluido de toda comunidad social imaginaria, está haciendo un ejercicio de distinción individualista desde adentro de la comunidad nacional, pero también desde afuera de la comunidad para adentro. El poeta señala una realidad nacional con problemas, e intenta integrarla: fundándola en su propia ficción nacional.

Susanna Scramin habló de otra manera en su ponencia del poder de la palabra según Laure, la escritora francesa activa bajo este pseudonima durante el periodo entre las guerras mundiales en Europa y parte del grupo vanguardia College pour la sociologiefundado por George Bataille. Laure observó que los únicos momentos válidos en su vida eran “cuando la palabra es tan intensa como el sentimiento experimentado es el momento que simplemente llamo los únicos momentos válidos de la vida con los otros.”. Laure usó como ejemplo de esta observación su propia alegría al ver sus amigos después de un largo tiempo solitario y silencioso, de angustia y depresión. En la habilidad de comunicar con otros y de sentir algo “por otros con otros” ella entendió algo que no podía entender sola. En este sentimiento se restablece lo sagrado en la modernidad, el sentimiento de la amenaza de muerte sentida en comunidad lo liberaba de la banalidad de lo profano en modernidad. Scramin refería a esta comunicabilidad para resistir la violencia de venganza de los linchamientos públicos de Brasil que ella ve como síntoma de la pérdida del sentimiento compartido en los últimos 20 años, que fué sustituido por el individualismo del aquí y ahora: el sagrado “yo” capitalista. Tanto como el cuerpo protagónico y identidad nacional de Argentina está realmente afectado por las palabras y ficciones exploradas por Spregelburd, la palabra tiene un efecto real y comunitario cuando se usa en comunidad y puede proveer una respuesta a búsquedas existenciales.

Scramin usa la imagen del cuerpo propia, visto en el espejo para ilustrar la distinción entre lo individual y lo comunitario. En su lectura del poema Lo Sagrado y citando la obra de Paula Glenadel, poeta contemporánea de Brasil, Scramin habló de usar el arte y la poesía para llegar a un lenguaje amimetica que comunica lo que siente la persona mirando y reconociendo su reflexión. Este lenguaje tiene que atravesar dos mundos para describir todo lo que se encuentra en la escena: entre el mundo interior afectado por los discursos del cuerpo sagrado capitalista, modificado por cirugía o dietas; y el mundo exterior de lo visible en el espejo que se reconoce y define como “yo”. En este atravieso, situado sobre “la falla entre interioridad y exterioridad” existe y se causa la poesía de Glenadel y también llegó Laure al sentimiento sublime de lo sagrado con otros. Reaccionando contra violencia moderna Scramin intenta alcanzar este ambito de lo sagrado comunitario en reflexiones poéticas pero lo interesante es que también propone un lenguaje que profana lo sagrado. Tanto en la ponencia de Rodriguez-Carranza como la de Scramin se reconoce el poder político de la palabra artística que comunica para crear una forma de vivir con los otros. Pero Scramin sugestiona que se siga la teoria de Agamben y se profanen las ficciones sagradas del mundo moderno para restituirlos en el uso libre de las personas. De la misma manera Rodriguez Carranza apunta al poder subversivo de género comunicativo del opera cuando lo desjerarquiza Spregelburd enApátrida.

De alguna forma el uso de la palabra es un ejercicio de colonización del espacio. Irónico es que se establezca un diálogo sobre el sentimiento de comunidad imaginaria y que se termine por generar una profunda disonancia entre dos personas que encarnan ideas que prevalece o que son expulsadas. Pero incluso en la identidad del afuera, existe un adentro, puesto que el crítico toma conciencia de las consecuencias de las palabras que ha usado y de esta manera reconoce la creación del artista. Tiene una frontera, al no poder ser creador, se encuentran en constante liminalidad, no ser poeta reconocido y juzgar al que sí lo es. En todo caso, la identidad del poeta está relacionada por el reconocimiento o la negación de un exterior; cuya voz habita también al interior de la persona y donde el cuerpo es el papel que se llena de palabras y que le dan significado a la realidad; tanto como la de la isla y como la del archipiélago.

Bibliografia adicional:

Cohen, E. “A Body worth having”. Theory Culture Society 2008 25: 103.

FRANCO, JEAN (1997). ‘La globalización y la crisis de lo popular’, Nueva Sociedad, 19, 62-73,

URL: http://www.nuevasoc.org.ve/n149/ens.htm

 

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